derechos televisivos Premier League y LaLiga

La diferencia entre el fútbol inglés y el español no se decide sobre el césped. Se decide en las mesas de negociación donde se venden los derechos de retransmisión, y las cifras hace tiempo que dejaron de ser comparables. Entender los derechos televisivos Premier League y LaLiga es entender por qué el mercado de fichajes funciona como funciona.

Los números

Los clubes de la Premier League ingresan por derechos audiovisuales alrededor de 3.200 millones de euros anuales sumando mercado doméstico e internacional. LaLiga se sitúa algo por encima de los 2.000 millones. La brecha se amplía notablemente al observar el origen de esos ingresos: más de la mitad de la recaudación inglesa procede del extranjero, mientras que la venta internacional española genera bastante menos.

Las cifras comparadas de ingresos entre las grandes ligas europeas se publican cada año en los informes de Deloitte sobre finanzas del fútbol, que son la referencia habitual del sector para este tipo de análisis.

En el reparto interno la distancia se hace todavía más nítida. LaLiga distribuyó en torno a 1.292 millones de euros entre sus veinte clubes de Primera División en la temporada 2024-25, con el Real Madrid encabezando la tabla con unos 158 millones. La Premier League repartió en concepto de premios y derechos una cantidad muy superior, y su campeón superó los 170 millones de libras.

El dato más elocuente es otro y suele pasar desapercibido: el último clasificado de la Premier League ingresa por este concepto más que la mayoría de clubes españoles situados en mitad de tabla. La comparación no se establece entre élites, sino entre la base inglesa y la zona media española.

De dónde viene realmente la diferencia

El origen es histórico y tiene fecha exacta. En 1992, los clubes ingleses se escindieron de la antigua First Division y crearon una competición que vendía sus derechos de forma centralizada y conjunta, negociando como un bloque único frente a las cadenas.

Aquella decisión, inspirada en el modelo de las ligas profesionales norteamericanas, resultó determinante. Convirtió a la competición en el producto que se vende, en lugar de vender veinte productos separados que compiten entre sí por el mismo dinero.

España mantuvo durante más de dos décadas un sistema de venta individual en el que cada club negociaba por su cuenta con las televisiones. El efecto fue doble y negativo: Real Madrid y Barcelona concentraban una porción enorme del pastel, y el producto colectivo perdía valor porque no existía un paquete atractivo y coherente que ofrecer al mercado internacional.

La venta centralizada no llegó a España hasta 2015. Veintitrés años de ventaja en un mercado de crecimiento exponencial son prácticamente imposibles de recuperar, porque durante ese periodo la Premier construyó relaciones comerciales, hábitos de consumo y posicionamiento de marca en mercados que después ya estaban ocupados.

El factor internacional

La Premier League construyó desde muy pronto una estrategia de expansión exterior deliberada y sostenida. Horarios de partido pensados específicamente para las audiencias asiáticas, acuerdos de larga duración en Estados Unidos, giras de pretemporada planificadas como herramienta comercial y una narrativa de competición impredecible fácil de vender a espectadores sin vínculo previo con ningún club.

LaLiga mantiene una posición sólida en Latinoamérica y en buena parte de Europa, pero le ha costado mucho más penetrar en Asia y Norteamérica. La razón que suelen señalar los analistas del sector es que su relato internacional dependió durante años de dos o tres futbolistas concretos y de un partido concreto, y ese tipo de dependencia es estructuralmente frágil.

Cuando esos futbolistas se marcharon, la competición tuvo que reconstruir su propuesta de valor internacional desde una posición mucho más débil de lo que sus cifras de audiencia sugerían.

Las consecuencias deportivas

El dinero de televisión se convierte directamente en capacidad de fichaje. Los clubes ingleses gastan en cada mercado estival cifras que multiplican varias veces el desembolso español, y esa capacidad no se concentra en dos entidades sino que se reparte a lo largo de toda la tabla clasificatoria.

De ahí surge la consecuencia más visible del desequilibrio: un club español de la zona media ya no compite por los mismos futbolistas que un club inglés equivalente. Compite por un escalón inferior de mercado y, con frecuencia creciente, actúa como vendedor de sus propios talentos formados en casa.

Ese papel de club vendedor no es necesariamente ruinoso si se gestiona bien, y varios equipos españoles han construido modelos económicos sólidos sobre esa base. Pero condiciona por completo la ambición deportiva y la capacidad de retener un proyecto durante más de dos o tres temporadas.

El reparto interno, un debate propio

Más allá de la comparación internacional, existe una discusión interna sobre cómo se reparte el dinero dentro de cada liga. El sistema inglés distribuye aproximadamente la mitad de los ingresos domésticos a partes iguales entre todos los clubes, y el resto en función de clasificación y de apariciones televisivas.

El reparto español es más desigual, con una diferencia considerable entre el primer clasificado y el resto. Esa asimetría es objeto de críticas recurrentes por parte de los clubes medianos, que argumentan que perpetúa la jerarquía existente y reduce la competitividad del producto.

Es un debate técnico con implicaciones deportivas evidentes, y sobre el que las distintas partes llevan años sin acercar posiciones.

Ese desequilibrio no es exclusivo del fútbol y aparece en cualquier sector donde el producto se vende de forma agregada, un asunto que tratamos con más detalle en economía del fútbol.

Lo que España hace bien

Sería un error de análisis concluir que el modelo español es un fracaso. El control económico implantado por LaLiga ha producido un sector financieramente mucho más sano que el de hace quince años: los concursos de acreedores, que fueron una auténtica plaga en el fútbol español, prácticamente han desaparecido del fútbol profesional.

Ese saneamiento tiene un valor real aunque no aparezca en los titulares ni genere conversación en redes sociales. Un club que no puede endeudarse muy por encima de sus posibilidades tampoco puede desaparecer por ello, y la estabilidad institucional tiene efectos positivos sobre el empleo, sobre la cantera y sobre la continuidad de los proyectos deportivos.

La cuestión de fondo es si esa estabilidad compensa la pérdida de competitividad deportiva frente a las ligas sin restricciones equivalentes. Sobre eso el propio fútbol español lleva años sin ponerse de acuerdo, y los argumentos de ambas partes tienen bastante fundamento.

La piratería, un problema de fondo

Existe un factor que erosiona el valor de los derechos y que ambas competiciones combaten con recursos crecientes: el consumo ilegal de las retransmisiones. El impacto es doble y acumulativo.

Por un lado reduce directamente los ingresos de los operadores que han pagado por los derechos. Por otro, y de forma más grave a medio plazo, deprime el precio que esos operadores están dispuestos a ofrecer en la siguiente negociación, porque calculan sus retornos sobre una base de abonados menor.

Las competiciones han desplegado unidades específicas de detección y han conseguido resoluciones judiciales para el bloqueo de dominios y de aplicaciones. El fenómeno, sin embargo, se adapta con rapidez y no ha llegado a controlarse.

Las nuevas plataformas

El mapa de compradores también ha cambiado. Durante décadas, los derechos se vendían a operadores de televisión de pago con estructura tradicional. Hoy compiten por esos paquetes plataformas de streaming globales con lógicas de negocio distintas.

Ese cambio ha aportado competencia y ha sostenido los precios en algunos mercados, pero introduce incertidumbre: una plataforma que utiliza el fútbol como herramienta de captación puede retirarse del mercado si cambia su estrategia, algo que un operador cuyo negocio depende del deporte no haría.

Explicamos el funcionamiento detallado de ese control en el límite salarial de LaLiga, y publicamos análisis periódico en Encuentro Industria Deporte.

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